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Romance del miedo
Luis Bolaños (Costa Rica)
“La muerte puso huevos en la herida”
Federico García Lorca
Al dejar la carabina
Yo les gritaba mi miedo,
Y silbando les decía
Que era muy grande aquel cuerpo,
Que aún no estaba mojado
Para él mi oscuro sexo.
Cuando traté de montarlo
Abrió sus ojos de trueno
Y vi que dentro tenía
En un rincón todo un pueblo.
Lloraban ahí los niños
Con un agónico gesto,
Los gitanos se sangraban
Sobre el filo de un espejo.
Las madres palidecían.
Con una rosa los negros
Las espaldas se golpeaban.
Gemían los marineros
Que su calor conocían,
Campesinas que en el huerto
Fruta secreta le daban.
Y él seguía en silencio
Sin nada que lo cegara.
No resistí su misterio.
Para cerrarle los ojos
Y lograr así vencerlo,
Le enseñé el nido viscoso
Debajo de mis diez pechos
Donde lento se amamanta
Mi murciélago moreno.
Al verlo alzó la cabeza,
Bajó los párpados quietos,
Con un susurro en los labios
Se encomendó al limonero.
Ya con los ojos cerrados
Pude cubrirlo de velos,
Y al sentir su tibia carne,
Su piel de niño pequeño,
Se me erizaron los muslos,
Se despertaron mis fuegos.
Fui desposada de un hombre,
Todo un potro y un almendro,
Piel de cobriza campana.
Hice mi nido en su pelo
Y en sus oscuras sortijas
Le deposité mis huevos.
Entonces crecí de pronto,
Más inmensa que un velero
Y él todavía más grande
Y más hondo y más sereno.
No alcancé a llenar sus venas,
Era tan amplio aquel cuerpo.
Pude al fin clavarlo fijo
Sobre el olivar inmenso
Y el olivar con sus siglos
No pudo sorber el sueño
Del que se va con la noche,
Sobre una colina, lejos,
En el corazón del frío,
Cuatro tiros en el eco.
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